"Chico no conoce a chica. Así empiezan realmente casi todas las
historias de amor. Y así suelen permanecer, con suerte, durante mucho
tiempo. De hecho, la mayoría de relaciones se acaba precisamente cuando
chico conoce a chica, o viceversa.
Frente a un amor aristotélico y
empírico, basado en la observación, el dato y la experiencia, la vida
se encarga de enseñarnos que cualquier amor que se precie comienza
siendo, de algún u otro modo, intuitivo y, por lo tanto, platónico.
Frases
como «tenemos tanto en común», «estamos hechos el uno para el otro» o
«eres todo lo que siempre busqué» se han convertido en expresiones
aceptadas y populares, pero no por ello dejan de ser tramposas,
engañosas y falsas.
Nos han vendido un amor por secuencias solo de seducción que juntas jamás duran más de noventa minutos. Para bien y para mal.
Y
la verdad es que las cosas no se rigen por este metraje. Las decisiones
más transcendentales y maravillosas de esta vida funcionan pura y
simplemente por intuición. Luego las racionalizamos, las convertimos en
modelo y, lo peor, tratamos de replicarlas. Pero no es así. El azar es a
los hechos lo que la intuición a las personas. Una fuerza incontrolable
que domina y zarandea nuestras vidas, las hace imprevisibles y, por
suerte, algo interesantes, pero que, afortunadamente, escapa a la
razón.
Si tuviera que envidiar algo de aquí, sería la juventud,
pero no entendida como belleza ni como energía potencial, ni siquiera
como falta de experiencia, sino más bien como primer momento de nuestras
vidas en el que se nos impone una verdadera dictadura de la intuición.
A partir de ahí, no hacemos más que cagarla."
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