Lo que pasó, pasó, y
hay que desprenderse de ello. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes
tardíos, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado con nosotros.
Los hechos pasan y hay que dejarlos ir.
Por eso es tan
importante destruir recuerdos, cambiar de casa, deshacerse de aquellos
documentos por tirar o aquellos libros por regalar...
Noviazgos y
amistades que no clausuran, posibilidades de regresar, necesidad de
aclaraciones, palabras que no se dijeron y silencios que lo invadieron todo.
Cerrar capítulos,
decirse a uno mismo que nada de esto volverá, pero no por orgullo ni soberbia,
sino porque ya no encajamos ahí; ni en ese lugar, ni en esa habitación, ni en
ese círculo, ni en ese corazón que tanto nos retiene.
Todos cambiamos, y
si uno ya no es el mismo que cuando se fue, quizás no exista nada a lo que
volver.


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