martes, 8 de mayo de 2012

8 de mayo de 2012





- Quedé con una chica.
- ¿Cómo te fue?
- Estuvo bien.
- ¿Volverás a verla?
- No lo se ¿por qué? No la he llamado.
- Eres un aficionado.
- Se lo que estoy haciendo. No se preocupe está controlado. Ya sabe esa chica es bonita, lista, divertida… Distinta de las otras que he conocido.
- Pues llámala Romeo.
- ¿Para qué? ¿Para que me de cuenta de que no es tan lista, de que es tope aburrida? No se esa chica ahora es perfecta y no quiero estropearla.
-Quizá lo que te preocupe es que tú dejes de ser perfecto. Te has montado una filosofía perfecta, de ese modo podrás pasar toda tu vida sin conocer a nadie de verdad. Mi mujer se tiraba pedos cuando estaba nerviosa, tenía esos pequeños detalles que le hacían maravillosa, no debería haberte contado nuestro secreto, lleva muerta dos años y sólo recuerdo estas chorradas, son maravillosas ¿sabes? Esos pequeños detalles son una de las cosas que hecho a faltar, las pequeñas idiosincrasias como yo las llamaba la convertían en mi mujer, y ella sabía muchas cosas de mí, conocía todos mis pecadillos. La gente llama a estas cosas defectos, pero no lo son, son lo mejor.
Nosotros escogemos a quién dejamos entrar en nuestro mundo. No eres perfecto amigo, y voy a ahorrarte el suspense, la chica que conociste tampoco es perfecta. Lo único que importa es si sois perfectos como pareja. Esa es la clave, la intimidad se basa en eso.


No hay comentarios:

Publicar un comentario